“El mensaje a la iglesia en Sardis”

(Apocalipsis 3:1-6).

 

Introducción:

A.      Un estudio diligente de las cartas a las siete iglesias en Asia, nos enseñará nuestra relación con Cristo como la iglesia del Nuevo Testamento.

1.     Aprendiendo a hacer  las aplicaciones necesarias de cada una de estas cartas, nos ayudará a ser lo que uno como congregación quiera ser, una iglesia fiel del Señor.

B.      No solo estas cartas nos ayudan congregacionalmente, pero también como individuos ya que nos animan y fortalecen. 

1.     Esto lo podemos ver en el mensaje a la iglesia en Sardis.

 

I:-El origen y la autoridad del mensaje...

 

A. En esta carta Cristo se introduce así mismo como el que tiene:

1.     Los siete espíritus de Dios; (3:1).

a.     ¿Estará esto indicando que hay literalmente siete Espíritus ante el trono de Dios? (1:4).

b.    Siendo que en Apocalipsis el número siete representa lo completo, los siete Espíritus aquí son figura de la plenitud de Cristo; (Jn. 3:34; Efe. 1:22-23; Col. 2:8-10). 

2.     El que tiene las siete estrellas; (3:1). Que son los ángeles de las siete iglesias; (1:20).

a.    Recordemos lo dicho en 2:1; "El que tiene las siete estrellas en su diestra"

b.    Es figura, o representa la vida, o el espíritu e identidad de las iglesias.

  

II:-El Señor señala las cosas que tenía contra ellos...

 

A. Cristo les hace ver que él sabía de las obras de ellos; (3:1).

1.     Yo sé la fama que tienes, “que tienes nombre de que vives y estás muerta”.

2.     Sardis estaba viva en apariencia solamente.

a.     Tal vez era grande en número, o tenía un edificio muy bonito, o había allí personas muy prominentes y para los de afuera ellos eran una iglesia ideal.

b.    Para las personas que buscan una iglesia muy numerosa con un lugar de reunión bonito, o conveniente ellos serían el lugar donde quisieran trabajar.

c.    Una iglesia que se preocupa más por su apariencia exterior y que ignora sus problemas y debilidades no está buscando agradar a Dios cómo la iglesia que arregla sus problemas.

3.     La iglesia en Sardis estaba viva para el mundo, pero ante los ojos de Dios estaba muerta.

a.    Hay muchas iglesias hoy tienen la reputación de ser sanas y activas, pero están decayendo y se están muriendo.

    

III:-Cristo exhorta a la iglesia en Sardis...

 

A. Esta exhortación también es para toda iglesia que hoy esté en la misma condición que la iglesia en Sardis; (3:2-3).

1.     “Sé vigilante”.

a.      Todos los que están muertos en el trabajo del Señor y que no están listos para su segunda venida, deben de estar vigilantes; (Lucas 12:35-40; 1 Tes. 5:1-6).

2.     “Afirma” las cosas que están para morir.  

a.      Ellos deberían de crecer y afirmarse en lo bueno que todavía tenían; (1 Tes. 6:19-22).      

b.     El Señor dijo que él no había encontrado sus obras perfectas delante de Dios.

1)     Por ejemplo, tal vez algunos de ellos todavía necesitaban leche porque todavía no podían digerir alimento sólido, porque no habían crecido; (Heb. 5:11-14; 6:1-2; 1 Cor. 3:2).  

3.     “Acuérdate” de lo que has recibido y oído.  

a.      Cristo les exhorta a que recordaran el día cuando le entregaron a él su corazón que y lo compararan a su presente situación; (2:5). 

b.     De cómo oyeron y aceptaron lo que oyeron; (Hech. 17:10-11; 1 Tes. 2:13).

4.     “Guárdalo”.  Notemos lo que dijo el Señor en; (2:25; 3:11).

a.      Ellos deberían de guardar con firmeza lo que habían recibido con el mismo amor y celo que en un principio tuvieron.

b.     Los hermanos en Sardis sabían lo que deberían de hacer para ser fieles, tal vez se reunían fielmente, pero estaban faltando en otras cosas. Como en su deber de estudiar, enseñar, visitar, en la benevolencia, en las oraciones y en su pureza de corazón.

5.     “Arrepiéntete”.

a.      Todos los que están muertos en el trabajo del Señor están en pecado y necesitan arrepentirse.

b.     Así como uno no se arrepiente de su error, hasta que deja el error. Es lo mismo con aquél que no se arrepiente de su negligencia, hasta que no comienza a trabajar; (Sant. 4:17).

 

IV:-La advertencia de Cristo para la iglesia...

 

A. Necesitamos estar vigilantes todo el tiempo, para que no seamos sorprendidos por el Señor cuando venga como el ladrón en la noche, sin avisar; (3:3).

a.      Aquellos cristianos que están muertos en el trabajo del Señor, están en peligro de perder su alma; (Prov. 29:1; Heb. 12:25).

b.     La segunda venida del Señor será como en los días de Noé. Muchos no entenderán ni creerán hasta que no vean a Cristo; (Mat. 24:37-39).

 

V:-La exhortación y las promesas del Señor...

 

A. Aunque en la iglesia en Sardis muchas cosas habían declinado y muchos estaban muertos. 

1.     Había allí algunos que habían conservados sus vestiduras dignas; (3:4).

a.     No habían manchado sus vestiduras, se había conservados puros; (1 Tes. 4:7).

2.     Habían prevalecido sobre la corrupción de este mundo; (1 Ped. 1:15-16; 2:11-12).

a.     Así como el celo es contagioso, también lo es la indiferencia, estos que habían guardado sus ropas no permitieron ser influenciados por los demás. 

3.     El Señor les dijo; “andarán conmigo en vestiduras blancas porque son dignas”; (3:4).

a.     Esta es otra manera de prometer la vida eterna a los que son hallados fieles.

b.    Notemos que es posible que la iglesia esté declinado y muchos estén muertos, pero todavía haya allí miembros que el Señor encuentre fieles.

c.    En algunas de las iglesias que ya hemos estudiado, el Señor encontró error e inmoralidad y a toda la congregación le mandó que se arrepintiera. 

d.    A la iglesia en Sardis no se le acusó de tener error, o de permitir inmoralidad y aunque toda la iglesia estaba decayendo, tenía algunos miembros fieles.

4.     No hay duda que esta es una realidad y que hoy existen muchas congregaciones así. 

a.     Hay muchas iglesias del Señor, pero muy pocas están llevando el trabajo adelante y luchando por mantenerse puras así como el Señor quiere; (Efe. 5:27).

b.    Sí no hubiera sido porque había allí hermanos fieles, el candelero, o la identidad de la iglesia hubiera sido removida.

 

B. Las promesas.

1.     El Señor menciona tres bendiciones que serán dadas a los que vencieren; (3:5)..

a.     Ellos “serán vestidos de vestiduras blancas”, estas vestiduras representan pureza, santidad y perfección; (Isa. 1:18; 61:10; Apoc. 19:8, 14).   

b.    Son apropiadas para aquellos que se mantuvieron sus ropas sin mancha en la tierra, y puedan ser vestidos de blanco en el cielo; (Apoc. 6:11; 7:9, 13-14).   

2.     Sus nombres no serán “borrados del libro de la vida”, el nombre de uno es escrito en el libro de la vida cuando obedecemos el evangelio, se nos permite que permanezca allí sí permanecemos fieles a Dios; (Filip. 4:3; Apoc. 20:15; 21:27; 22:19). 

3.     La otra bendición es que el Señor confesará:

a.     “Sus nombres delante del Padre Celestial y de sus ángeles”. (Mat. 10:32; Lucas 12:8-9). 

b.    Esto quiere decir que los que no puedan superar las cosas de la vida y ser vencedores, no podrán ser reconocidos delante de Dios; (Mat. 7:21-23).

c.     Sí vencemos y guardamos todas sus obras, recibiremos las casas ya mencionadas.

 

Conclusión:

 

A. ¿Cuál es la aplicación para nosotros? 

1.     ¿Está usted muerto espiritualmente? ¿Es perezoso e indiferente en el trabajo del Señor? 

2.     ¿Es usted en verdad un cristiano que está sirviendo a Dios de Corazón, o solo está pretendiendo ser cristiano?

3.     Entonces la exhortación del Señor es también para usted, él dijo en 3:2-3; "Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti."

4.     Vamos adelante y hagamos las cosas que sean necesarias para que nuestro nombre no sea borrado del libro de la vida. Ese libro de Dios un día será abierto y si nuestro nombre no aparece allí, no podremos entrar a las mansiones celestiales; (Jn. 14:2-3; Apoc. 20:15).

   

                                                                                                                                                                      

                                       Juan Antonio Salazar