“Así se quedó Jacob solo, y luchó con él un varón”
(Génesis 32:24-32).
Introducción:
1. Éste capítulo relata un momento de
crisis en la vida de Jacob, él se estaba preparando para el encuentro y la
reconciliación con su hermano Esaú. Hacía aproximadamente 20 años que había
tenido que huir de él porque lo quería matar, a causa de que Jacob le robó la
bendición de su primogenitura. Ahora Jacob anticipa y se prepara para el
encuentro, pero no sabe que esperar de Esaú.
2. Dios sabiendo lo que se está
desarrollando interviene para darle ánimo a Jacob y enseñarle que está con él:
Gén. 32:1-2; "Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro
ángeles de Dios. Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este."
Animado por ese encuentro manda mensajeros delante de él a Esaú para que le
dijeran: 32:4-5; "Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y
me he detenido hasta ahora; y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas;
y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos." Sus siervos regresan y le dicen; 32:6; “Él también
viene a recibirte, y 400 hombres con él”. Entonces Jacob tuvo gran
temor y se angustió, y esperando lo peor de ese encuentro dividió la gente y el
ganado en dos grupos, instruyéndolos que en caso de que Esaú atacara un grupo,
el otro podría huir.
3. Jacob hizo también una ferviente
oración a Dios diciendo: 32:9-12; "Dios de mi padre Abraham, y Dios
de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu
parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda
la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este
Jordán.. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le
temo...Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena
del mar, que no se puede contar por la multitud." Humildemente
reconoce que no es digo de las misericordias de Dios.
4. Jacob hizo una cosa más, juntó de lo
que le vino a la mano y preparó un presente para Esaú. Le juntó 200 cabras, 20
machos cabríos, 200 ovejas, 20 carneros, 30 camellas con sus crías, 40 vacas,
10 novillos, 20 asnas y 10 borricos. Los mandó por grupos diciéndoles, sí Esaú
los encuentra díganle, que yo le mando todo esto, porque Jacob dijo: 32:20; "Apaciguaré
su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro; quizá le
seré acepto." Después que los grupos pasaron él durmió aquella
noche.
1. La crisis en la vida de Jacob que
duró toda la noche.
A. Después de dormir se levantó antes
que amaneciera y ayudó a su familia a cruzar el vado de Jaboc, o arroyo, que
era un brazo del río Jordán y él se quedó solo; (32:22-23).
1. Dice 32:24; "Luchó con él un varón hasta que rayaba el
alba." Este varón era un ángel, en él Dios se le apareció a Jacob,
se le manifestó de la misma manera que lo hizo con Agar e Ismael cuando fueron
echados de la casa de Abraham. Por que les faltaba agua Ismael alzó su voz y
lloró y vino el ángel de Dios y dijo; Gén. 21:17-18; "Dios oyó la
voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo:
¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde
está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano porque yo haré de él
una...." En la crisis de Jacob tenemos la misma situación, Dios se
manifiesta como si fuera Él mismo.
1. Esta lucha fue dura, feroz, mano a mano, en términos iguales y duró “hasta
que rayaba el alba”. El ángel vio que no podía vencer a Jacob sin usar
sus poderes sobre naturales, ellos son “mayores que nosotros en fuerza y
en potencia”. Pero no le quedó otro recurso: 32:25; "Y
cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su
muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba."
3. Aunque Jacob sintió un inmenso dolor, no quería conceder la lucha, el
ángel le rogaba que le dejara ir, pero Jacob respondió: 32:26; "No
te dejaré, si no me bendices." Con aquella muestra de poder que el
ángel le dio, Jacob entendió que lo podía haber destruido fácilmente, pero el
ángel también entendió que aquél mortal no era un mortal cualquiera y que no lo
dejaría ir sí no le bendecía, y aceptó la derrota.
4. En esta crisis Jacob fue victorioso, le dijo el ángel: 32:27-28; "¿Cuál
es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu
nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios (en un sentido
honorable, luchó, o fue persistente) y con los hombres, y has
vencido." La bendición que Jacob recibió fue hermosa, su nombre ya
no sería Jacob, el que suplanta, sino Israel que significa luchador con Dios.
Jacob describió su crisis como una muy memorable, entendió que en aquél lugar,
y en aquella noche él había visto a Dios cara a cara. No fue con los ojos
físicos, porque no hay hombre que vea “el rostro de Dios y viva”,
fue lo que le dijo Dios a Moisés; (Éxodo 33:20). Entonces, ¿cómo
vio Jacob Dios cara a cara? Lo vio con los ojos de la fe, en la bendición que
recibió, y en el favor de Dios que encontró, porque, “fue librada mi
alma”. ¿Será posible que uno pueda ver a Dios también? Dijo Jesús, “el
que ha visto a mi, ha visto al Padre”. Y Pablo dijo; “Dios fue
manifestado en carne, predicado a los gentiles”.
2. Notemos algunas lecciones
espirituales que están aquí para nosotros.
A. Una es que en nuestras crisis,
conozcamos a Dios y le busquemos.
1. Conocer a Dios, y tener un profundo deseo por él.
a. Jacob no sabía que esperar de Esaú, se determinó buscar solamente la
bendición y el favor de Dios. Recordemos su ferviente oración: 9-12; "Dios
de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete
a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las
misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con
mi cayado pasé este Jordán.. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano
de Esaú, porque le temo...Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia
será como la arena del mar, que no se puede contar."
b. Nuestra más grande aspiración debería ser conocer a Dios, su nombre
es sobre todo nombre. Él creo todas las cosas, y por quién todas las cosas
subsisten, que no tiene principio ni fin: Jer. 9:24; "Mas alábese en
esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová,
que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas
quiero, dice Jehová."
Nuestra lucha es que no queremos conocer a Dios, que no deseamos su
inmortalidad, ni queremos llenar nuestra alma vacía de su plenitud así como lo
quería Jacob.
2. Otra lección es que Dios se revela a nosotros a través de sus
bendiciones.
a. El ángel a través del cuál Dios se manifestó a Jacob
se negó a decirle su nombre, pero sí le dio la bendición que Jacob quería,
buscaba y la razón de luchar de esa manera. La bendición que recibió fue mejor
que conocer el nombre del ángel.
b. Dijo el Señor Jesús que el Padre Celestial; "Hace
salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e
injustos." ¿Cómo alimentó Cristo a los 5000?
3. Otra lección es que, Dios se manifiesta al hombre para cambiarlo a
él, o su carácter.
a. Y el varón le dijo: "No se dirá más tu nombre Jacob, (por
naturaleza el que suplanta) sino (por gracia un heredero de las
promesas de Dios) Israel." Dejó en viejo hombre, y se vistió
de uno nuevo. Antes de enfrentarse con Esaú Jacob era diferente, estaba lleno
de temor y en una gran angustia. Después de aquella lucha larga, desesperada y
victoriosa, Jacob vino a ser un hombre diferente. Tuvo un carácter lleno de
valor y de serenidad, para enfrentarse a Esaú, y la reconciliación entre ellos
fue una muy feliz: 33:4; "Esaú corrió a su encuentro y le abrazó y
se echó sobre su cuello y le besó y lloraron."
b. Mientras nosotros no aprendamos a confiar en Dios y en su palabra
seremos personas inseguras, temerosas, y cualquier problema nos llenará de
angustia. Todo lo contrario sí nosotros nos ponemos en las manos de Dios. Dice
en Salmos 119:92-94; "Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi
aflicción hubiera perecido. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, Porque
con ellos me has vivificado. Tuyo soy yo, sálvame, Porque he buscado tus
mandamientos."
4. Y finalmente, quiero enfatizar que la
razón del triunfo de Jacob en su lucha con el ángel, fue por que él era un
hombre de fe.
a. Jacob nos enseña que Dios puede ser conquistado con la
fe: Oseas 12:4; "Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en
Bet-el le halló, y allí habló con nosotros." Esta lucha no era física
solamente, sino también espiritual, la fe de Jacob, sus lágrimas, sus oraciones
y su gran deseo eran sus armas. Cuando el ángel le tocó y le dislocó la cadera,
su fe no disminuyó, tampoco silenció sus oraciones, pudo prevalecer porque su
fuerza no era física sino celestial, de no haber sido así el ángel lo hubiera
destruido. Dice Rom. 8:26; "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda
en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos,
pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles."
b. Jacob es un ejemplo para nosotros, él nos enseña que
en nuestras luchas, sufrimientos y humillaciones podemos obtener la victoria.
Pero necesitamos orar como él, aunque tengamos temor, o angustia necesitamos
reconocer que somos débiles y entonces seremos fuertes, “porque entonces
reposara en nosotros el poder de Cristo” solo entonces nosotros que somos unos
débiles humanos seremos fuertes; (2 Cor. 12:9-10).
Conclusión:
1. Jacob representa a los verdaderos discípulos,
a los verdaderos cristianos, a todos aquellos que en sus luchas, angustias y en
sus temores persisten fervorosamente en sus oraciones a Dios. Solo todos los
que son impertinentes en sus oraciones como la viuda con el juez injusto,
obtendremos el favor de Dios como ella, como Jacob y como la mujer cananea. A
ella dijo Cristo grande es tu fe; (Mateo 15:21-28).
2. Reconozcamos humildemente cómo la
mujer cananea que no somos dignos de las bendiciones y la misericordia de Dios.
Ella dijo a Jesús “Señor socórreme” y el dijo, no está bien tomar el pan de los
hijos, y echarlo a los perrillos. Ella dijo Sí, Señor pero aún los perrillos
comen de las migajas que caen de la mesa de los amos. ¿Entendemos nosotros
estas palabras? ¿Tememos la fe de ella, la fe de Jacob?
Juan A. Salazar