Señor, enséñanos a orar

Introduciendo el tema: Nuestro Dios eterno nunca está muy ocupado para atender a las oraciones de los santos, de aquellos que sinceramente y de todo corazón le buscan. Los asuntos de este grande universo, nunca absorben toda su atención, de manera que él no pueda atender a los asuntos de cada uno de sus hijos; (1 Ped. 3:10-12; Sal. 34:15, 17; Lucas 18:7-8). 

"Seño  enséñanos a orar"

(Lucas 11:1).

Introducción:

 

1. Cristo oró muchas veces y por largo tiempo, en tiempos difíciles, o de gozo, oró solo, o con sus discípulos. Aquél discípulo que hizo esta petición, él oyó a Cristo orar, fue testigo de su fervor reverente, de su seriedad, de su sinceridad y humildad en sus suplicaciones cuando oraba. Este discípulo expresó en su petición que su entendimiento fue abierto, su convicción acerca de la importancia de la oración, también el sincero deseo de ser enseñado, de aprender y de ser como su maestro. Dijo Pablo; "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo." (1 Cor. 11:1).

 

2. Aquellos que aceptan la Biblia como la divina revelación de Dios al hombre, creen que en ella se da la respuesta valida a la pregunta; ¿Qué es la oración?. Todo creyente de la palabra de Dios, acepta que la oración es la verdadera y absoluta respuesta a la necesidad del hombre. Y para la presencia y ayuda continua de Dios en sus vidas, sí es obediente y guarda, la divina enseñanza centrada en la suprema autoridad de Cristo; (2 Ped. 1:3; 2 Tim. 3:16-17; Judas 3).   

 

3. Meditemos en algunas ilustraciones concernientes a la pregunta; ¿Qué es la oración?.

a.      La oración es el deseo, la oportunidad y el privilegio de hablar con Dios. 

b.     La oración es la impotencia que se lanza sobre el poder, es la miseria que busca la paz, es la impureza que abraza la pureza. Es el odio que anhela el amor, es lo corruptible que jadea ansiosamente por la inmortalidad, es la paloma que vuelve casa, es el águila que vuela hacia el cielo, es el prisionero que suplica por su libertad. Es el marinero que se dirige al cielo en medio de la tormenta peligrosa. 

c.     La oración es la voz de la fe. 

d.     Una oración en su definición  más simple, es un deseo dirigido hacia el cielo. 

e.      La oración es el deseo sincero del alma articulado, o inexpresado.

f.       Es el movimiento de un fuego oculto, que tiembla en el pecho. 

g.     La oración es el espíritu que habla la verdad, a la verdad. 

h.     La oración es un acto virtuoso de la piedad que consiste en pedir regalos apropiados, o favores de Dios. 

i.        La oración es el sacrificio espiritual que ha reemplazado los sacrificios del Antiguo Testamento. Que aparta el enojo de Dios, que mira por los enemigos, que intercede por los perseguidores, que obtiene el perdón de pecados, y que aleja las tentaciones. Que consuela al débil, y que refresca al fuerte. 

j.        La oración es el baluarte de fe. 

k.     La oración es abrir las avenidas de nuestra alma vacía, a la plenitud de Dios, de nuestra derrota a su victoria.  

 

1. ¿Cómo podemos hacer una oración aceptable?.

 

1. Orando con la convicción de que Dios existe, qué Dios es una realidad.

a.      La revelación de la Biblia implica una relación entre Dios y el hombre, es Dios hablado con el hombre. En la Biblia está la voluntad de Dios comunicada al hombre; (Efe. 3:3-5; Col. 1:27-29). La oración comunica los pensamientos del hombre a la infinita mente de Dios. Notemos estos ejemplos; (1 Sam. 1:9-10; Isa. 38:1-3, 5; Sal. 39:12-13).

b.     Pero sí Dios no existe, la vida del hombre está vacía de toda posible comunión con Dios, y la oración es la peor manera de engañarse a sí mismo. La Biblia enseña de la existencia de Dios, y nadie se va a acercar a Dios en ninguna manera para adorarle, sí no cree que Dios existe y que es galardonador de los que le buscan; (Heb. 11:6; Jn. 4:23-24). ¿Cómo puede el hombre orar a un Dios que él no cree que existe?. Sí nosotros no creemos que Dios es una realidad, nunca no va a pasar por nuestra mente hacer oración; (Sal. 10:4, 14:1).

c.     El Señor Jesucristo en su vida aquí en la tierra, vivió en una constante comunión con el Padre a traves de la oración; (Mat. 14:23, 26:38-42; Lucas 18:1).

 

2. Nosotros debemos de orar reconociendo que tenemos necesidad de Dios.

a.      El punto principal en la vida de la oración, es el deseo sincero del hombre por Dios. Un deseo motivado por la debilidad humana, buscando la fortaleza divina. La oración expresa nuestra fragilidad, buscando la “supereminente grandeza del poder de Dios(Efe. 1:19; 3:20). 

b.     No importa que tantas buenas obras podamos hacer, ni toda la diligencia en estudiar la palabra de Dios, ni que tan enérgicamente, o que tan inteligentemente nos afanemos por las necesidades de esta vida, nosotros nos encontramos continuamente necesitando de Dios. Esto fue lo que Jesús enfatizó; (Jn. 15:5; 9:32-33). También dijo Jeremías; (Jer. 10:23). 

c.     Aquél que reconoce su deseo desesperado, urgente y su constante necesidad por la providencia, protección y cuidado de Dios. Ese deseo suprimirá todo otro, dejando lugar para que la oración venga a ser la actividad más importante en su vida; (Dan. 6.10-11). Pero aquél cuya vida está vacía de oración, también esta vacía del sentido de necesidad y el deseo de la ayuda de Dios, pues no reconoce que necesita de él y que depende de él; (Apoc. 3:17-18).    

 

3. Debemos de orar convencidos de que Dios oye nuestras oraciones.

a.      Para que una relación íntima y personal se desarrolle entre Dios y el hombre, es necesario que Dios oiga las palabras que pronunciamos hacia él. El hecho de que Dios puede y está dispuesto a oír nuestras oraciones, lo podemos ver en su palabra; (Sant. 4:8, 5:13; Heb. 4:16).

b.     En la oración, Dios y nosotros estamos buscando establecer una comunión entre los dos. La oración es el hombre hablando con Dios, y es Dios oyendo al hombre, en la oración está el hombre acercándose a Dios, y Dios a él. Esto no sucediera si Dios no estuviera dispuesto a oírnos, dispuesto a volver su rostro a nosotros y no contra nosotros; (Jn. 9:32; Isa. 1:15).

c.     Nuestro Dios eterno nunca está muy ocupado para atender a las oraciones de los santos, de aquellos que sinceramente y de todo corazón le buscan. Los asuntos de este grande universo, nunca absorben toda su atención, de manera que él no pueda atender a los asuntos de cada uno de sus hijos; (1 Ped. 3:10-12; Sal. 34:15, 17; Lucas 18:7-8). 

 

4. Debemos de orar convencidos de que Dios contestará nuestras oraciones.

a.      Nuestro Dios es un Dios que atiende, que escucha las oraciones de los justos, y que las da la respuesta que necesitan. Porque él es un Dios que recompensa a los que buscan; (Heb. 11:6).

b.     ¿Cuál es la base de porque Dios oye nuestras oraciones?. ¿Por qué contesta Dios nuestras oraciones?. La respuesta la encontramos en el último punto de nuestra lección. 

 

5. El amor de Dios por nosotros es la base, de porque él oye y contesta nuestras oraciones.  

a.      El Dios de los cielos contesta nuestras oraciones por que se preocupa y ama al hombre. Nuestro Dios es un Dios que está interesado en el bienestar de nosotros, que tiene la voluntad y el deseo de suplir nuestras necesidades; (Mat. 6:25-26, 30-33; Sal. 37:25). 

b.     ¿Cómo podemos negar que Dios oye y contesta las oraciones de los justos, cuando creemos que envió a su único para que muriera por nuestros pecados y nos diera la salvación?. Esto es lo que dice; (Jn. 3:16; 1 Jn. 4:9-10).

c.     Cuando Dios contesta nuestras oraciones, lo hace no solo porque está dispuesto, sino también porque nos ama. Él tiene el profundo deseo de proveer lo que necesitamos, no es un Dios egoísta y tirano, tampoco uno que se deleita en castigar al hombre. Él justo ora a Dios, porque tiene la confianza de que sus oraciones no serán en vano; (Sal. 65:2, 5, 9-13). 

 

Conclusión:

 

1. Es mi deseo que la costumbre y el ejemplo de Cristo concerniente a la oración, sea un motivo para que en cada uno de nosotros veamos la importancia de la oración. Para que vengamos a ser como aquél discípulo, que tuvo el deseo de ser enseñado a orar, y de ser como su maestro.

 

2. Ese es el deseo de Cristo, él dijo; "Aprended de mí, que soy manso y.............." (Mat. 11:29).

Y Pedro dijo; "Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;" (1 Ped. 2:21).

 

3. Pero debemos orar con sinceridad; (Heb. 10:22). Con humildad; (Sal. 10:17). Con Fe; (Sant. 1:6). Y con un fervor reverente; Rom. 12:11).

 

4. Aquél que no ora, no solo no reconoce qué su dependencia debe de estar en Dios, sino que tampoco le da a Dios la honra que él merece; (Efe. 3:14-15, 20-21).

 

5. Meditemos en algunas ilustraciones concernientes a la pregunta; ¿Qué es la oración?.

a.      La oración es el deseo, la oportunidad y el privilegio de hablar con Dios. 

b.     La oración es la impotencia que se lanza sobre el poder, es la miseria que busca la paz, es la impureza que abraza la pureza. Es el odio que anhela el amor, es lo corruptible que jadea ansiosamente por la inmortalidad, es la paloma que vuelve casa, es el águila que vuela hacia el cielo, es el prisionero que suplica por su libertad. Es el marinero que se dirige al cielo en medio de la tormenta peligrosa. 

c.     La oración es la voz de la fe. 

d.     Una oración en su definición  más simple, es un deseo dirigido hacia el cielo. 

e.      La oración es el deseo sincero del alma articulado, o inexpresado.

f.       Es el movimiento de un fuego oculto, que tiembla en el pecho. 

g.     La oración es el espíritu que habla la verdad, a la verdad. 

h.     La oración es un acto virtuoso de la piedad que consiste en pedir regalos apropiados, o favores de Dios. 

i.        La oración es el sacrificio espiritual que ha reemplazado los sacrificios del Antiguo Testamento. Que aparta el enojo de Dios, que mira por los enemigos, que intercede por los perseguidores, que obtiene el perdón de pecados, y que aleja las tentaciones. Que consuela al débil, y que refresca al fuerte. 

j.        La oración es el baluarte de fe. 

k.     La oración es abrir las avenidas de nuestra alma vacía, a la plenitud de Dios, de nuestra derrota a su victoria.  

                                               Juan Antonio Salazar